“La cultura no se vende, se regala”

Por: Samuel E. Aguinaga Alcaraz

“Samuel Aguinaga, el papá de los Diablitos”

PRESENTACIÓN

Este impreso lleva información sobre las fiestas decembrinas del año 2015 y lo publico de una vez para que no me ocurra lo del número anterior que se me pasó todo el año y lo que escribí en el mes de enero se quedó congelado en mi computador hasta diciembre cuando salió con el número 16. Seguiré escribiendo por divertirme procurando al máximo no pelearme con las cosas ni con las personas.
Sobra manifestar a quienes leen este impreso, mis deseos por un feliz año nuevo; todos conocen de mis buenas intenciones en este sentido.
Comencemos a ver si terminamos rápido, porque este computador, como todo lo mío, mantiene en malas condiciones y cuando menos pienso está escribiendo en un párrafo anterior, pero estoy tan acostumbrado a la incomodidad, que no pienso cambiarlo ni mandarlo a arreglar.

Vamos al grano:

Debo comenzar por expresar mis agradecimientos al Sr. Juan Carlos Sepúlveda Sepúlveda, Director de El Santafereño, por las elogiosas frases que me dedica en su periódico de enero 12 del año en curso, bajo el título “Samuel Aguinaga, el papá de los Diablitos”. En mi concepto, nada sobresaliente he logrado hacer en el transcurso de mi vida, fuera de aprovechar y dirigir la capacidad de divertirse que tienen mis paisanos y amigos en las fiestas decembrinas. Pienso que el Sr. Director de El Santafereño está apreciando con largueza lo poco que he hecho por la conservación de una de nuestras tradiciones, lo que me lleva a reiterarle mis sentimientos de gratitud y aprecio.


SIGAMOS:

El 28 de diciembre del 2015, a las cuatro de la tarde, salieron de mi casa situada en el Llano de Bolívar, diez diablitos a caballo a recorrer el centro de la Ciudad. Yo anduve en una mototaxi en la parte de adelante dirigiendo el recorrido, pero sin manera de hablar porque, como cosa rara, se me dañó el megáfono. Antes de partir reuní a los participantes y les dije lo siguiente:

“Queridos Diablitos a Caballo:
Por una de esas coincidencias de la vida, según mi teoría sobre la iniciación de Los Diablitos, hace muchos años, salieron los primeros disfrazados de una casa como ésta de bahareque y techo de paja, situada a orillas del Tonusco, no porque el iniciador de los disfrazados fuera de escasos recursos económicos, sino porque en esos tiempos no se conocían por aquí los techos de teja y construcciones en muro de cemento y adobes.

Gracias a ustedes, nuestra Vieja Ciudad vuelve hoy a ver los Diablitos a Caballo recorrer sus calles; vuelve a sentir el recuerdo de los viejos tiempos en que sus hijos la llenaban de alegría con el ruido de los semovientes al galope; vuelve a llorar de nostalgia al recordar a sus hijos que hace ya muchos años la amaron intensamente y se fueron para nunca más volver. Pero los Diablitos no la han abandonado. Aquí nacieron entre el Cauca y el Tonusco para quedarse y ya vemos cómo ustedes, aunque en reducido número, insisten al menos con una muestra de lo que hubo antes.
Ni en tiempos de guerras ni en el llamado tiempo de la Violencia Política de los años cincuenta del siglo pasado, dejaron de salir los Diablitos, y después de 1958 cuando llegó la crisis casi total de nuestras fiestas decembrinas, no faltaron personas humildes que amaban la vida y las tradiciones de su tierra como Diofanor López, Pedro Leal, Sayo Arboleda, Mercedes Carvajal, Antonio Mena y tantos otros que salían solos o acompañados.

Hubo un año en que el Señor Diofanor López, disfrazado de cóndor, se presentó solo, se paró en la mitad del atrio de la Catedral, sacudió sus alas como si fuera a volar y regresó a pie a su humilde vivienda situada en La Quebrada Arriba. No tenía caballo ni dinero para pagar el alquiler de uno, pero Juan María Vargas le alcahueteaba su amor por los Diablitos y cuando era posible le facilitaba uno en préstamo y le encimaba media botella de Candela. Durante muchos años su coequipera fue Mercedes Carvajal.

Por decreto, se les prohibía a las mujeres disfrazarse, pero las que he mencionado violaban esos decretos y se disfrazaban, bailaban y se comportaban como hombres.
Ustedes son jóvenes, insistan. Más adelante otros valorarán este esfuerzo y entrarán a engrosar el número. Algún día, cuando la Ciudad sea organizada y no tenga vehículos por sus calles, la salida será placentera. ¡ADELANTE¡ La orden de marcha está impartida”

Insistiré en la salida de los Diablitos a Caballo buscando mejorar el número de participantes y la diversión, en bien de las fiestas decembrinas. Soy caprichoso y pienso que siempre y cuando haya uno o dos Diablitos a Caballo, debo salir con ellos. ¡Que se acaben cuando yo muera, pero mientras esté vivo, nada!

En cuanto al 29 de diciembre del 2015, debo informar que en esta fecha reuní en el Coliseo a la mayoría de diablitos que allí estaban bailando antes de salir el desfile y les dije lo siguiente: Como dice el tango: “Me estoy sintiendo viejo…” En cualquier momento puedo enfermarme o morir y no es bueno que se queden ustedes a la deriva. En caso de que llegue a faltar temporal o definitivamente, mi hijo Jorge Mario, aquí presente, entrará a dar las órdenes. A todos ustedes les pido mucha obediencia y acoger lo que él disponga; colaborarle mucho y procurar que este desfile se conserve ordenado como ha venido haciéndose”. Igualmente presenté a los que me han venido ayudando en la organización de esta fiesta y sobrevino el aplauso en señal de aceptación. Completamos el acto con el arrojo de flores a los diablitos por parte de mis colaboradores.

Mi hijo Jorge Mario es profesional en Finanzas, egresado de la Universidad de Medellín y desde niño ha estado enterado de todo cuanto ha ocurrido con los diablitos.

No agrego otros datos para que mi amigo Alirio Villa no diga que soy petulante y algo más. Pienso que no podían quedar en mejores manos. No estoy formando una dinastía o familia de reyes que se suceden, sino previendo lo que puede ocurrir más adelante y evitando que mi esfuerzo de tantos años se pierda rápidamente.

También los cargueros de los pasos de Semana Santa, antes de dejar de cumplir su compromiso, nombran a uno de sus hijos para que los sucedan en el barrote. De modo que no es extraño lo que he hecho con los disfrazados, eso es costumbre en esta Ciudad.
OTRA COSA:

Ya dejando el tema de los Diablitos me adentro en lo del nuevo Alcalde. Llegó un nuevo Jefe de la Administración Municipal y nuevos Secretarios para los diferentes despachos, entre ellos Patricia Lara (se me olvidó su segundo apellido) para la Dirección de Patrimonio y Centro Histórico. Patricia es conocedora de todo lo relacionado con el patrimonio histórico de nuestra Ciudad y por eso estoy convencido de que su elección es un acierto.
Como es mi amiga e hija de mi exprofesor Don Bernardo Lara, le voy a contar algo al oído sin que vaya a llegar a la Calle del Medio o cerca a La Fonda de la Plaza Principal.

Aquí va: En el año de 1960 se quemó el local donde funcionaba y funciona el Restaurante El Pielroja y otros locales que estaban a continuación de éste. El propietario era Pedro Macías quien manejaba el negocio en compañía de su hermano Gerardo. Todos esos locales tenían puertas de madera y, obvio, se quemaron. Pedro comenzó la restauración o reconstrucción de techos, creció su local, le hizo nuevos servicios sanitarios, nueva cocina, etc., pero cuando llegó a lo de las puertas pidió permiso al Sr. Alcalde de ese entonces para colocar provisionalmente unas rejas metálicas, que eran mucho más baratas, mientras reunía dinero para mandar a hacer las puertas de madera que eran grandes, gruesas y muy costosas. Por considerar la situación económica de Pedro, quien había perdido todo en ese incendio, el Sr. Alcalde aceptó que provisionalmente pusiera las rejas metálicas, y vea, esto hace 55 años que ocurrió y todavía no se han colocado las puertas de madera en cumplimiento del compromiso adquirido. Por eso ese sector se observa deslucido por no decir feo, en contraste con buena parte del resto de locales de la plaza principal y en contra de la normatividad que regula un monumento histórico como lo es Santafé de Antioquia.

De esto no hay nada en los archivos del Municipio porque era un permiso tan provisional y por tan poco tiempo que ni siquiera ameritaba una resolución. Es posible que alguno o algunos de los que hoy son propietarios de esos locales, en un acto de amor por la Ciudad, si se les cuenta esta historia, quieran verla como era antes de 1960, por lo que considero que vale la pena hablar con ellos a ver qué se consigue.
Creo que como funcionaria de la Dirección del Patrimonio y Centro Histórico de la Ciudad, algo tendrá que ver con permisos provisionales para intervenciones que deban hacerse en el sector histórico, por lo que le aconsejo no colaborar en estos asuntos, porque seguramente se volverán definitivos.


CAMBIOS

Se están viendo cambios positivos en el ordenamiento de la Ciudad. Ya hay menos ruido de motos y demás vehículos por la noche. Al fin llegó uno que promete mejorar, así sea un poco, el caos en que se encuentra la Ciudad, debido a los cambios que se vienen presentando. No podemos esperar que todo se haga de una vez. Debemos tener paciencia, porque como están las cosas, se necesitan por lo menos cuatro años trabajando las 24 horas del día, para que todo vuelva a tomar la ruta del orden.

Se acabo la Terminal de los Microbuses que era bajo un árbol de Mamoncillo. ¡aleluya!¡aleluya!.

A los parques hay que nombrarles lo que llamábamos parqueros para que los cuiden y mantengan en buenas condiciones de presentación. A estos trabajadores no los paga el Alcalde de su bolsillo, sino que se les paga de los fondos del municipio. Hasta la Administración del Dr. J. Franklin Serna Mendoza, a mediados de los años ochenta, hubo parqueros.

El Parque de Monseñor Toro está convertido en dormidero e inodoro público, en aparcadero de vehículos automotores, en oficina de una empresa y en bodega de reciclaje. ¿Quién dijo que los parques son para que cumplan estos fines? Lo mismo ocurre con el Juan del Corral que lo llenaron de toldos de frutas y otras mercancías siendo que la finalidad de estos lugares es muy distinta. Un parque es, según mi viejo diccionario, un espacio de terreno destinado a árboles, jardines y prados para la recreación y el descanso de las personas. Ojalá que el Sr. Alcalde salga de vez en cuando a recorrer la Ciudad a pie para que se entere directamente de estos problemas y sin ningún temor entre a solucionarlos. Pienso que ya es tiempo de que saquen los toldos del interior al exterior del parque Juan del Corral, como estaban antes. La remodelación de éste, en mi sentir, todavía se demora varios años.

CAMBIO DE TERCIO

A muchos nos encanta mencionar la palabra cultura cuando hablamos sin saber propiamente su significado. Según mi diccionario, la cultura se define como “el conjunto de creencias, valores, normas, costumbres y técnicas propias de un grupo o sociedad”. Por ejemplo, la Fiesta de los Diablitos es una costumbre de los habitantes de Santafé de Antioquia, es decir, que es parte de nuestra cultura.

SANTAFE, así pegado.

A mis amigos que se han inquietado porque escribo Santafé en una sola palabra, quiero aclararles que lo hago porque siempre la pronuncio de seguido, nunca de manera separada y porque en algunos documentos antiguos así aparece escrita.

Por ejemplo, en el proyecto guía de los fondos de la colonia del Archivo Histórico de Antioquia, que se encuentra en el viejo edificio donde funcionaba la Gobernación de Antioquia encontré que en el año 1584, mediante la Real Cédula del Rey Felipe II, expedida el 30 de octubre del referido año, fue oficializada la Independencia de la Provincia de Antioquia de la Gobernación de Popayán y erigida la VILLA DE SANTAFE, (Santafé así pegada como se pronuncia) como capital de esta provincia. No estoy inventando nada sino escribiendo como pronuncio y como lo hicieron el día que erigieron la Ciudad como capital de la Provincia de Antioquia.

MI RECOMENDADO

Por si de pronto este impreso lo lee algún joven que quiera progresar económicamente en la vida, me permito recomendarle el libro titulado “El Hombre más Rico de Babilonia”. Enseña a conseguir, conservar e invertir el dinero; en una palabra, a manejarlo. ¡Lástima, a mí me llegó cuando ya no se usa! porque como lo dice el poeta: “Todo nos llega tarde, hasta la muerte” Creo que pensar en tener dinero sin saber de su manejo es como querer llevar un carro de Santafé de Antioquia a Medellín sin saber conducirlo. No sé explicar esto, pero, en fin, usted amable lector, quien seguramente razona mejor que yo, entiende lo que quiero decir.
ALGO MÁS.

¡Oíste ve, me acordé de algo! como decía Joselín Robledo cuando estaba contando chistes y de momento le llegaba alguno a su mente. En el lugar donde hoy se encuentra el barrio San Judas, hubo en la antigüedad unas cuantas casitas y el sector lo llamaban BELÉN, nombre muy bonito.

Es que algunos nombres bíblicos como Samuel, David, María, Ester, etc. son muy sonoros, mientras que los de por aquí, como Anacleto, Tiburcio, etc. carecen de belleza. Como cosa rara, me salí del tema. Lo retomo: Si los iniciadores de ese barrio hubieran conocido nuestra historia, seguramente le hubieran asignado el primitivo nombre. Pero pienso que se le puede cambiar, porque en Medellín al sector que se llamaba Otrabanda, lo cambiaron por Laureles, y aqui en Santafé de Antioquia la vereda que se llamaba Guevará, en memoria del cacique que llevaba este nombre le cambiaron por San Carlos. Ahí queda la inquietud. ¡Hasta pronto!