Reseña biográfica Poeta colombiano nacido en Santa Fe de Antioquia en 1917 y fallecido en Medellín, en 1990. Licenciado en Periodismo y Humanidades, ejerció además la diplomacia y ocupó varios cargos públicos. Aunque fue conocido como El poeta de la raza, incursionó en el tema sentimental. Su vasta obra ha sido compilada en varios volúmenes antológicos, entre los que se destaca, «Barro de Arriería».

Canción sin luz 

Cómo duele la noche cuando tu voz se curva fría de indiferencia lo mismo que una hoz; Cómo duele la vida cuando alzas tus palabras sin caridad ninguna contra mi corazón.

Cómo duelen tus ojos cuando clavan su hastío -desnuda hoja de acero- sobre mi adoración. Cómo duele esta angustia de saberte lejana llevándote en la sangre como se lleva a Dios.

Cómo duelen tus labios cuando muerden el aire para romper los hilos sencillos del amor. Cómo duele tu risa cuando cruza insensible los abismos sin fondo de mi nuevo dolor.

Cómo duele tu pelo cuando agita en el viento la negación del trigo bajo el casco del sol. Cómo duele el milagro de tu nombre pequeño cuando enciende nostalgias en mi inútil canción. Cómo duelen tus brazos -danzarines de nardoentre los bastidores de mi renunciación.

Cómo duelen tus manos esas manos que un día sobre lino bordaron mi callada ilusión. Cómo duele tu ausencia tan alta de silencios que empinándose, casi ya toca mi dolor. Cómo duele la tarde cuando al norte del canto ya no alumbra el lucero que orientaba mi voz.

Cómo duele, pequeña, esta espina clavada en el sitio donde antes existió el corazón. Cómo duele tu nombre, cuando contra la mía se cumple inexorable la voluntad de Dios.

Carta sin ortografía 

Esta sencilla carta que no verán tus ojos ausentes y morenos, la escribo porque el alma me reclama que la deje vivir de tu recuerdo.

Porque mi sangre no aprendió a olvidarte, porque tú me acompañas en el tiempo, porque fuiste lo simple, lo callado, lo dulce, lo pequeño, ese mínimo saldo de la vida que nos deja sentirnos algo bueno… Escribirle a la novia de la infancia, es ponerle “balaca” al pensamiento.

Es ignorar la palabra ortografía que sin “s” no admite pensamiento. Es situar en el clima de unos labios todo el rubor que encienden los cerezos.

Es recordar dos ojos infantiles en donde estaba repetido el cielo. Es volver a vivir sencillamente, es encontrarse elemental y bueno, es fechar una carta desde el alma, y de estampilla colocarle un beso.

Egoísmo de amor 

Te quiero así, con celos y con rabia, con toda la potencia de la sangre y sin claudicaciones en el alma.

Te quiero como un hombre enamorado, que comparte la vida y la esperanza pero no el tiempo del objeto amado.

Te quiero con dolor y sin temores, como quiso a la lanza de Longinos quien fabricó una cruz con sus amores.

Te quiero con amor, sin tolerancias, midiendo el universo con tu nombre y el vacío estelar con tus distancias.

Te quiero sin renuncias, toda mía, como el amanecer que no tolera que le quiten un átomo del día.

Te quiero con razón o contra ella, como el acantilado indiferente al mar que lo acaricia o que lo estrella.

Te quiero con pasión, como el gitano a quien le brilla el alma en la pupila y el filo de la sangre entre la mano.

Te quiero con violencia y desespero, como quiere el marino en la tormenta el áncora remota de un lucero.

Te quiero contra todo y contra todos sin medir el amor ni el sacrificio y sin buscar esguinces ni recodos.

Te quiero con temblor, con la entereza de no haber conocido la sonrisa de quien entrega el alma por flaqueza.

Te quiero como hombre, alta la frente y sin las cobardías que arrodillan la indignidad servil de mucha gente.

Te quiero con furor, como mereces, montando guardia al pie de tu cariño, dispuesto a dar la vida una y mil veces.

Te quiero así: con celos y con rabia, con el golpe total de las arterias y el ancestro viril de nuestra raza.

Espera 

Te esperé con la sangre detenida sobre el silencio en ascuas de tu ausencia. Te esperé soportando la existencia como un lebrel al pie de tu partida.

Te esperé casi al borde de la herida y a dos pasos no más de la demencia. Te esperé en la angustiosa transparencia de aquella noche en el reloj vencida.

Pero qué inútil la mortal espera: Sin pensarlo cité la primavera cuando el invierno helaba mis rosales.

Y hoy que casi olvidaba tu presencia, me estoy enamorando de tu ausencia a través de mis propios madrigales.

Fatiga

Ya no te quiero tanto. Poco a poco mataste la ansiedad de tu cariño, y el alma atormentada de aquel loco vuelve otra vez a ser alma de niño.

Presiento el reventar de otra quimera, describe un semicírculo el poniente, y la esperanza de otra primavera promete al corazón otra simiente.

Enflora la ilusión, el alma espiga. Agonizan la angustia y la fatiga. En las pupilas se detiene el llanto,

Y una voz interior me va diciendo, que aunque sigo tu imagen bendiciendo, estoy dejando de quererte tanto.

La mujer imposible 

Bella como la noche y como ella insegura la mujer imposible llegó a mi corazón. Tenía en la mirada un poco de amargura y tal vez un poquito de menos ilusión.

No dije una palabra. Respeté la ternura que sellaba sus labios a toda confesión. Una anillo de llanto suplía en su cintura la vanidad coqueta del fino cinturón.

Su voz era la misma. Un poco más callada como si presintiera que estaba la alborada reuniendo silencios para poder nacer.

No adelanté un reproche. No quise interrogarla y comprendí que el llanto que estaba por llamarla jamás a mi cariño la dejaría volver.

Maternidad 

Un arrullo de sangre por las venas. Un cansancio de luz en las pupilas, un escozor de ala en las axilas y en la carne un preludio de azucenas.

Un lento madurar de horas y penas, sordo río de noches intranquilas, y en el simple silencio en que te exilias, buscar los senos y encontrar colmenas.

Sentir más cerca la razón del nido. Pulsar toda la espera en un latido, analizar la curva en las corolas,

Y escuchar que tu angustia se convierte en un llanto que triunfa de la muerte sobre un encendimiento de amapolas.

Qué horrible es el olvido

¡Qué horrible es el olvido! Es mejor la nostalgia con su anillo de llanto ciñendo el corazón. Cuando hablamos de “ella” sin sentir que morimos, ya no vale la pena nuestra inútil canción.

¡Qué horrible es el olvido! Ver la mujer amada y no sentir que el alma se curva de dolor. Cuando cerca a su nombre ignoramos la espina, ya no vale la pena nuestra estéril canción.

¡Qué horrible es el olvido! Saber que la quisimos y que sigue en la sangre sin producir dolor. Cuando nos resignamos a vivir con su ausencia, es porque ha envejecido por dentro el corazón.

Y entonces, ya la vida no vale una canción.

Recuerdo

Te recuerdo en el llanto y en la risa; en la estrella, en el verso y en la rosa; en la opulenta copa que rebosa y en el trozo de pan que se precisa.

En la luz que gastó la mariposa para ser mariposa y no ser brisa; en la tranquilidad que se improvisa y en la diaria inquietud que nos acosa.

En la noche que sube hasta la frente; en el cielo que alfombra cada fuente y en el cielo ensatado en la oración;

En la angustia que rige cada paso; en el rojo cansancio del ocaso, y en el cansancio de mi corazón.

Siempre tú

Entre el mínimo incendio de la rosa y la máxima ausencia del lucero, se quedó tu recuerdo prisionero viviendo en cada ser y en cada cosa.

Te recuerdo en la cita milagrosa que se dan la mañana y el jilguero, y en el aire, traslúcido tablero donde escribe en color la mariposa.

Todo me habla de ti. Sobre la brisa persiste la nostalgia de tu risa como una dulce música remota.

En los labios tu nombre me florece, y al saberte lejana, me parece que me bebo tu ausencia gota a gota.

Simplemente

Nos dijimos adiós. La tarde estaba llorando nuestra despedida. Nos dijimos adiós tan simplemente que pasó nuestra pena inadvertida.

No hubo angustia en tus ojos ni en mis ojos. No hubo un gesto en tu boca ni en la mía. Y, no obstante, en el cruce de las manos calladamente te dejé la vida.

Fuiste valiente con tu indiferencia y fui valiente con mi hipocresía, nos separamos como dos extraños cuando toda la sangre nos unía.

Pero tuvo que ser y fue mi llanto, sin una escena ni una cobardía. Tú te fuiste pensando en el olvido y yo pensando en la melancolía.

Hoy sólo resta de esa vieja tarde un recuerdo, una fecha y una rima. Así, sencillamente nos jugamos el corazón en una despedida…

Simplicidad

Es tan humano este dolor que siento. Esta raíz sin tallo florecido. Este recuerdo anclado al pensamiento y por toda la sangre repetido,

Que ya ni me fatiga el vencimiento ni me sangra el orgullo escarnecido, mi corazón se acostumbró al tormento de perder la mitad de su latido.

Ya mi rencor no exige la venganza, aprendí a perdonar toda esperanza como un bello pecado original.

Llevo en las manos tantas despedidas, y en lo que fue el amor tantas heridas, que me he tornado un hombre elemental.

Tentación

Para cantar tu pelo aprendí la leyenda del sol que siendo niño se extravió en un trigal.

Para cantar tus ojos me enseñaron la historia de la primera mañana que se bañó en el mar.

Para cantar tus labios aprendí el meridiano que pasa por el beso, la fresa y el panal.

Para cantar tu risa subí con mi poema peldaño por peldaño la escala musical.

Para cantar tus senos imaginé la forma de redondear dos veces la misma cantidad.

Quise cantar al yunque donde forjas la vida y todos mis sentidos llegaron a cantar.

Entonces me di cuenta de que el poema estaba en el límite exacto del pecado mortal.

Tu partida

Que te fuiste lo sé. La pesadumbre de tu ausencia enfermó todas las cosas: Ya el cielo no es azul sobre la cumbre ni el verso es verso, ni las rosas rosas.

La lámpara votiva está sin lumbre para el martirio de las mariposas, y ya el reloj tiene la certidumbre de un rosario de noches silenciosas.

Bien sé que tu partida sin regreso, encerró entre paréntesis un beso que ya ensayaba su primer pecado.

No tienes que explicarme que te has ido, pues hasta un niño sabe cuando un nido quedó por el amor abandonado.

Vámonos corazón 

Vámonos, corazón, hemos perdido, ya nunca espigarán tus ilusiones. Recoge tu esperanza y tus canciones y partamos en busca del olvido.

Vámonos, corazón, ya tu latido sólo podrá contar renunciaciones. Guarda su nombre con tus oraciones y si debes sangrar, sangra escondido.

Vámonos, corazón, tu fe no existe. Al fin y al cabo tu naciste triste y triste en cualquier puerto morirás.

Vámonos, corazón, ya no la esperes. Bendice su recuerdo si así quieres, pero marchemos sin mirar atrás.

Ya no más corazón 

Ya no más, corazón, te he permitido que la quieras sin tiempo y sin medida, que bordes tu esperanza inadvertida al ruedo juguetón de tu vestido.

Ya no más, corazón. ¿No has comprendido que ella no quiere entrar en nuestra vida? Si eras tan débil en la despedida, corazón, no debiste haber querido.

Te advertí, corazón, que era inasible, que no adoraras tanto un imposible para que no sufrieras su desdén.

No me creíste, corazón cobarde, y hoy ya comprendes demasiado tarde que yo te lo decía por tu bien

Vuelven Los Caballos 

Ágiles,

Elásticos,

Piafantes,

Resueltos,

Las ancas lustrosas,

Los ojos eléctricos,

Los nervios tensados como cuerdas de arco,

Las crines al viento

Y la historia patria montada,

Tatuada,

Estereotipada sobre todos ellos.

Vuelven los caballos remascando el freno,

Arrollando fechas,

Saltando recuerdos,

Repicando nombres de conquistadores,

De héroes,

De clérigos,

De altivos virreyes,

De descamisados,

Y de comuneros.

Vuelven los caballos de relincho hispano,

Inmenso,

Ecuménico,

Los que le arrancaron chispas al camino

Porque iban herrados con cuatro relámpagos,

Los caballos negros,

Los caballos pintos,

Los caballos bayos,

Los que se bebieron la savia de América

En el verso indio de Santos Chocano.

Vuelven los caballos

En tropel de cascos lo mismo que antaño:

Caballos de silla,

Caballos de carga,

Caballos de espanto,

Caballos que vienen de un viejo trapiche,

De un himno metálico.

Caballos de carne,

Caballos de bronce,

Caballos de mármol.

Vuelven los caballos

Bañados en luna,

Bañados en pólvora

Y en ecos lejanos.

Vuelven los caballos,

¡Y toda Colombia siente que hay tambores,

Historia y Laureles

En sus cuatro cascos! 

Romance De La Nostalgia

Tu ausencia me está sangrando Por la herida del recuerdo. Mi juventud te persigue Por los caminos del sueño, Y cuando estás más distante, Más cerca del alma siento Que florece la nostalgia Sobre el tallo del tormento.

Tu nombre como una espina Llevo clavado en el pecho. Y aunque sé que él es la causa De este cruel desasosiego, En vez de arrancarlo airado, Cierro los Ojos y pienso Que al corazón no le importa La lógica del cerebro.

Bien sé que ya no eres mía Y que otro se llama dueño De ese milagro trenzado Sobre tus negros cabellos. Pero si tú y el destino www.santafedeantioquia.net Cancelaron mis anhelos

Cancelaron mis anhelos, Ni él ni tú podrán quitarme Este recuerdo moreno.

Recuerdo de aquellas horas Que ya cayeron en el tiempo. De esos instantes felices Que por felices huyeron. De la novia en cuyos ojos Siempre vestidos de duelo, Parecían guardar luto Riguroso dos luceros.

Hoy no estás en mis retinas, Pero te tengo aquí dentro, Como una flor de nostalgia En la solapa del sueño. Aún te miro en la quimera, Te persigo en el recuerdo, Y siento crecer tu voz En la selva del silencio.

Primera novia. Imposible Talado en carne de ensueño. Amor que dejó en el alma Perfume de limonero. Pequeña ilusión de trenzas. Dulce milagro moreno Que nos abrió una ventana A los jardines del cielo.

Romance de la nostalgia. Vago perfil de un recuerdo Que se aferró al corazón Para vivir como un cuento, Al lado de Blanca Nieves, De Aladino el Hechicero, Y de las Hadas Madrinas, Que miran por los luceros