El Obispo Juan De La Cruz Gómez Plata

Por Monseñor Nicolás Gaviria Pérez

A las puertas del sesquicentenario de la muerte del Ilustrísimo Señor Juan de la Cruz Gómez, que se cumplirá el 1 de diciembre del presente año, considero un deber de justicia y gratitud enaltecer su memoria honrando sus méritos.

En el ensayo biográfico, que dediqué a este prelado en el libro: “LOS SIETE PRIMEROS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ANTIOQUIA” me referí a la fecunda labor pastoral por él cumplida. Me limito ahora a destacar su pensamiento y su acción al servicio de la causa de la educación y a responder a varios interrogantes sobre actuaciones suyas.

DATOS BIOGRÁFICOS

ORIGEN Y FAMILIA

Resumo los datos biográficos que enfocan su trayectoria histórica.

Nació en Barichara (Santander) el 8 de mayo de 1793. Allí cursó los estudios básicos. Posteriormente ingresó al Colegio Real Mayor de San Bartolomé, donde se doctoró en ambos derechos y desempeñó los cargos catedráticos de derecho público, de derecho civil eclesiástico y filosofía. Llegó a ser rector de este renombrado plantel y de la Universidad Distrital.

En 1827 la Provincia del Socorro lo eligió Diputado al Congreso Constituyente y en 1828, Diputado en la Convención de Ocaña, como candidato santanderista.

En la esfera eclesiástica, ya doctorado, el Obispo de Popayán Ilustrísimo señor Salvador Jiménez de Enciso le confirió la ordenación sacerdotal en la catedral de Bogotá el 11 de abril de 1818. Fue párroco de Las Nieves (1826) y de aquella catedral (1831).

En el terreno político, fuera de lo antes anotado, actuó como miembro de todos los Congresos de 1832 a 1844. Fue senador de la República en 1836, 1842 y 1844. En el primer período, presidente del Senado.

Tres veces fue postulado para obispo por las Cámaras. La primera para la sede bogotana; la segunda para Antioquia, vacante por la muerte del Ilustrísimo Sr. Garnica el 16 de agosto de 1832, ocasión en que fue elegido el obispo de Santa Marta José María Estévez. A éste lo sorprendió la muerte antes de viajar a posesionarse (el 7 de octubre de 1834). El 13 de marzo de 1835 el Congreso de la Nueva Granada designó como sucesor de aquel al Pbro. Juan de la Cruz Gómez Plata y el Papa Gregorio XVI lo preconizó para obispo de Antioquia el 24 de julio de 1835.

El 12 de julio de 1836 llegó a Santa Fe de Antioquia.

APÓSTOL DE LA EDUCACIÓN

“En el Congreso tuvo parte notable en las leyes sobre instrucción pública”, como afirmó el Pbro. José Manuel Lobo Rivera en su elogio fúnebre.

De viaje a su sede, a su paso por Medellín, al responder el saludo del Gobernador Francisco Antonio Obregón, declaró que “había consagrado sus desvelos desde sus tiernos años a la instrucción de la juventud” y que ésta tendría todo el impulso que pudiera proporcionarle en su ministerio, porque de la buena y religiosa educación de la juventud, dijo, dependen las costumbres de los pueblos, el bienestar de las naciones y la salvación de los hombres”1. “Nada más útil, nada más conveniente a un pueblo y a toda la República que la enseñanza de la juventud”2.

A la excelsa causa de la educación consagró dotes, dinamismo, afanes e influencia. Como hombre de visión, concentró sus esfuerzos de pastor, patriota, educador y hombre de letras a la encumbrada empresa. Con dos alas voló su espíritu hacia este ideal: formar sacerdotes virtuosos e ilustrados y educar hombres creyentes y patriotas.

Con el nombre de COLEGIO SEMINARIO DE FERNANDO organizó y engrandeció el seminario conciliar instalado por su antecesor ilustrísimo señor Mariano Gamica y Orjuela el 18 de abril de 1830. Inauguró el plantel en el antiguo local del colegio de los Jesuitas contiguo al templo de Santa Bárbara el 5 de septiembre de 1836, a escasos dos meses de haber llegado a la ciudad de Antioquia.

Se propuso hacer de este Colegio Seminario, y lo logró, el Instituto más grande de la Provincia de Antioquia. Según el Padre Francisco Luis Toro, este propósito “constituyó el número más importante de su programa de obispo, su sueño dorado, la instrucción de su clero y de sus diocesanos: ideal muy digno de un obispo…”3.

Cuatro hechos notables enmarcan la grandeza de esta histórica Institución.
1 Suplemento al No. 17 de El Constitucional de Antioquia. Julio 3 de 1836.
2 Archivo de la Diócesis de Antioquia. Volúmen 347, folio 180.
3 TORO, Francisco Luis. Pbro. “El Excmo. Sr. Juan de la Cruz Gómez Plata. Revista.

PRIMERO

El acierto del prelado al emprenderla “de haber sabido rodearse, como anota el Padre Francisco Luis Toro, de hombres capaces, dignos colaboradores suyos, que comprendieron la importancia y la magnitud de la obra y a ésta consagraron sus luces, sus energías, su entusiasmo, su tiempo: José María Herrera, Juan Antonio Pardo, Felipe Hoyos, José María Martínez Pardo, Felipe de Villa, Fernando Uruburu, varones insignes con quienes formó, como si dijéramos, su estado mayor, y manos a la obra”4.

SEGUNDO: LA AMPLITUD DEL PLAN DE ESTUDIOS

El plantel “empezó con las cátedras de gramática, filosofía, tecnología y cánones”. Posteriormente se establecieron variadas e importantes asignaturas. El prelado obtuvo del presidente de la República doctor José Ignacio Márquez auxilio económico y licencia oficial al Colegio Seminario para conferir grados universitarios (decreto de 27 de abril de 1837) y la creación de una cátedra de medicina, para la cual fue nombrado el doctor José María Martinez Pardo, y de otra de jurisprudencia, asignada al doctor Juan Antonio Pardo. Así el plantel, a más de seminario para la formación de futuros sacerdotes, llegó a ser colegio universitario para educar profesionales competentes y cristianos y a emular con los Colegios de Nuestra Señora del Rosario y San Bartolomé, de Bogotá.

Para aumentar las aulas de clase se inició en agosto de 1837 la ampliación del local con la construcción de un segundo piso en el patio correspondiente a la entrada donde hoy funciona el Museo Francisco Cristóbal Toro.

TERCERO

Fue dotado de un cuerpo de educadores y catedráticos muy selectos. Lo integraron sacerdotes y cristianos convencidos, hombres de talento e ilustración, encabezados por el doctor José María Pardo Martínez.

CUARTO

La Pléyade de eminentes personajes egresados de sus claustros.

Si el árbol se conoce por sus frutos, el Colegio Seminario de San Fernando fue árbol glorioso, que produjo cosecha oplma de ciencia, virtud y progreso al servicio de la Iglesia V de la Patria.

Enalteció a la Iglesia con 3 obispos: Joaquín Guillermo González, José Ignacio Montoya y Manuel Canuto Restrepo, que con celo apostólico apacentaron las diócesis de Antioquia, Medellín y Pasto. Honró a la Privincia de Antioquia y enriqueció la cultura colombiana con magistrados y mandatarios egregios, entre éstos, Pedro Justo Berrío, maestro y paradigma de gobernantes; profesionales esclarecidos, escritores y literatos, oradores y vates de nota, entre los cuales sobresalió “El cantor del maíz”.

No pocos exalumnos ilustraron la historia de Antioquia la Grande con tal brillo de mérito que su recuerdo fue digno de perdurar en el bronce.

Esta sola obra bastaría para batir las palmas al paso de su fundador por los anales de la Diócesis de Antioquia.

La magnitud de su dimensión espiritual mereció de la pluma de Marco Fidel Suárez la inscripción que decora la vieja portada de nuestro amado seminario:

“EL SEMINARIO DE ANTIOQUIA ES EN COLOMBIA INSTITUTO VERDADERAMENTE HISTÓRICO Y MONUMENTO GLORIOSO”

El doctor Luis López de Mesa destacó en la historia de Antioquia a los varones que denominó “los modeladores de la estirpe”, “plasmadores del pueblo antioqueño”, “escultores de un pueblo que al crecer los encumbra más y más en el horizonte de la patria”, los seis hombres que durante el siglo XIX lo guiaron a modo de columnas de la arquitectura espiritual”5.

En esta galería histórica figura el OBISPO JUAN DE LA CRUZ GÓMEZ PLATA. Los otros: Félix de Restrepo, Juan de Dios Aranzazu, Mariano Ospina Rodríguez, Pedro Justo Berrío y Manuel Uribe Ángel. La gratitud de Antioquia les rindió a todos ellos el tributo del bronce, en la Avenida de La Playa de la ciudad de Medellín.

El profesor López de Mesa coronó el elogio del Obispo de Antioquia nombrándolo “entre los colombianos que han dejado huella perdurable en la vida nacional” y describe su personalidad en tres rasgos: “GRAN SEÑOR, GRAN PRELADO Y GRAN REPÚBLICO”.

5 LÓPEZ DE MESA, Luis. “De cómo se ha formado la Nación Colombiana”. Editorial Bedout, 1970

INTERROGANTES SOBRE ALGUNAS ACTUACIONES DEL OBISPO GÓMEZ PLATA

Su llegada a la Diócesis de Antioquia estuvo precedida de prejuicios y críticas. El prelado replica a sus adversarios en su primera pastoral que no se le juzgue antes de haber obrado. Una de las censuras lo tildaba de heterodoxo.

¿FUE HETERODOXO?

A lo largo de su ministerio episcopal enseñó siempre la doctrina católica a la luz de la palabra de Dios y del magisterio de la Iglesia. Así lo confirman sus numerosas pastorales y demás documentos por él suscritos, lo mismo que sus actuaciones pastorales.

Las críticas tenían raíz política. “Como es cosa corriente en los menesteres de la política, anota el Padre Carlos Mesa, a veces cosechó laureles y a veces cardos como en 1828”. Las censuras provenían de sus adversarios políticos a causa de su amistad íntima con Santander y su adhesión al partido santanderista.

“Su política francamente antibolivariana, escribe el Padre Francisco Luis Toro… le acarreó numerosos enemigos, quienes al saber su nombramiento para Obispo de Antioquia, trataron de prevenir el campo en su contra difundiendo entre sus futuros diocesanos especies calumniosas, mostrándole como incapaz y mal preparado para tan alto cargo y hasta como un peligro para la fe del pueblo”6.
6 TORO, Francisco Luis. Pbro. “El Excmo. Sr. Juan de la Cruz Gómez Plata”. Revista Antioquia Histórica No. 37. 677 p.

Marco Fidel Suárez escribió en “El Sueño del Obrero”: “Fue el ilustrísimo señor Gómez Plata uno de los más grandes prelados de la Iglesia neogranadina… Amigo y paisano del General Santander, fue colaborador suyo en la administración nacional, pero no por eso se resbaló un punto en materias de ortodoxia, ni se apartó de la senda que cursaban entonces los confesores de la fe: por el contrario, las instrucciones que dejó a su clero y las previsiones que apuntó con exactitud acerca de las persecuciones que iban a recrudecerse acreditan su celo y al mismo tiempo su prudencia”7.

Las instrucciones y las previsiones a que se refiere Suárez, están contenidas en las cartas que en el año anterior a su muerte, escribió de la ciudad de Antioquia al Presbítero José María Lobo Rivera, quien fue cura de Abejorral y canónigo de la Diócesis de Antioquia, residente entonces en Bogotá.

El prelado arremetió severamente contra el gobierno del presidente José Hilario López, elegido en forma violenta el 7 de marzo de 1849, predijo las persecuciones que sobrevendrían a la Iglesia granadina y expresó la intención de renunciar al episcopado y salir del país por no aguantar las medidas que se tomarían contra los obispos y el clero. Para muestra un botón, de sus predicciones y críticas en carta de 30 de marzo de 1849:

“Yo recelo por la religión de la nueva administración. Hay muchos calandrajos, más impíos que Voltaire / más atrevidos que Holbach) que apoderándose del mundo, no hallarán cosa más a propósito para la felicidad nacional que conculcar y echar abajo las más sagradas instituciones”8.

7 SUÁREZ, Marco Fidel. Obras T. III. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá. 1269 p.

En las instrucciones al clero nada más elocuente que sus palabras a los sacerdotes, que rodeaban su lecho de enfermo, ya próximo a morir”:

“Por vuestro ministerio estáis llamados a sufrir grandes persecuciones, escarnios, vilipendios, hambres, sinsabores. Entonces, sí, los perseguidores sufrirán todas las consecuencias, todo el peso de furor divino…”9.

Finalmente el Obispo en carta de 7 de septiembre al presbítero arriba nombrado reprueba severamente la expulsión de los jesuitas, ordenada por el presidente José Hilario López. La califica de ilegal, injusta y cruel y declara: “hoy en día en todo lo que se haga contra la Iglesia y el clero no entran para nada los principios que rigen a los políticos y a la sociedad respecto a los otros seres. Con nosotros todo lo sea persecución o vilipendio es lo único que se adopta como bueno y como liberal”.

¿SE AFILIÓ A LA MASONERÍA?

“Las logias masónicas penetraron a Latinoamérica con sus propios programas humanitarios de solidaridad en la causa de la independencia”, escribió monseñor Alfonso Pinilla10.

8 El Catolicismo. Marzo de 1853.
9 URIBE, Gonzálo. Pbro. “Los arzobispos y obispos de Colombia”. Bogotá, Imprenta La Sociedad, 1918. 243 p.
10 PINILLA, Alfonso. Mons. “Del vaticano a la Nueva Granada. Bogotá 1988. 14p

En 1820 se fundó en Santafé la primera logia. Su aparición fue anunciada en la Gaceta Oficial el 2 de enero en los siguientes términos:

“Una sociedad amante de la ilustración, protegida por el General Santander, ofrece al público dar lecciones para aprender a traducir y hablar los idiomas francés e inglés. “Éste aviso tan simple era la primera piedra del templo masónico erigido en Nueva Granada”11 escribe Groot.

“La segunda época de la masonería, escribió don Marco en su “Sueño de la Masonería” – dató de 1849 y en ella se vio a la logia practicar aquello del hermano Voltaire: “La mentira es sólo vicio cuando acarrea males; pero es virtud cuando causa bienes. Seamos, pues, virtuosos, mintiendo como demonios”. Y fue así, porque entonces difundieron los masones la fábula de que lo eran o habían sido los arzobispos u obispos Sacristán, Caicedo, Enciso, Garnica, Gómez Plata y otros personajes eclesiásticos, que jamás entraron en la logia. Entonces, abjuró el historiador Groot, en famoso documento, lo que hicieron también don Juan de Dios Aranzazu y el dominico Joaquín Galvez…”12.

De acuerdo con la táctica masónica de proselitismo, señalada por el autor de los Sueños, de “labrarse un mentido prestigio y engañar a los incautos”, el nombre del señor Obispo Gómez Plata fue inscrito en el catálogo de una logia.

Américo Carnicelli en su libro “LA MASONERÍA EN LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA” nombra a Juan de la Cruz Gómez Plata como miembro de la masonería, dato publicado por el periódico “Logia Estrella del Tequendama” No. 11 de 1853, o sea, al tercer año de la muerte del señor obispo. También cita a varios eclesiásticos como miembros de la masonería, entre ellos, a los obispos Garnica, Caicedo y Florez13.

11 GROOT, José Manuel. “Historia Eclesiástica y Civil de Nueva Granada” T. IV., 2ª Edición. 64 p.
12 SUÁREZ, Marco Fidel. Obras. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá 1956.

Don José Manuel Groot transmite en su “HISTORIA ECLESIÁSTICA Y CIVIL DE NUEVA GRANADA” la siguiente información:

“Se me ha citado como masón de la antigua logia de Bogotá y voy a contestar sobre esto, porque lo creo como mi deber como católico. N o se crea que voy a decir que no fui masón. Si lo fui. Les consta a muchas personas que lo fueron conmigo y que hoy no lo son, como no lo soy yo, porque creo que la masonería no imprime carácter. Voy a dar la razón porque fui masón y porque dejé de serlo…”.

“Me retiré de la logia y puedo dar razón de todos los individuos que se recibieron bajo sus tres primeros venerables en cerca de cinco años, que fueron los más floridos de la masonería. Me consta y puedo asegurar que el señor arzobispo Caicedo no entró de masón; que EL SEÑOR OBISPO GÓMEZ PLATA, ENTONCES CLÉRIGO, NO ENTRÓ DE MASÓN, POR MÁS EMPEÑO QUE HIZO EL PRIMER PERSONAJE DE LA MASONERÍA; que el obispo de Popayán doctor Salvador Jiménez de Enciso, no sólo no fue masón, sino uno de los peores enemigos que entonces tuvo la masonería… Puedo asegurar que tampoco fue masón el señor Obispo Chaves, ni que se hubiera contado entre los masones al señor Sacristán. Tampoco lo fue el Padre Fray Luis Florez, NI EL OBISPO GARNICA”.

13 CARNICELLI, Américo. La Masonería en la Independencia de América. T. II

“Al decir que en aquellos primeros años no entraron a la logia estas personas, puede asegurarse que no entraron después, en que decayó enteramente con la deserción de los hombres de importancia y la consiguiente admisión de varios individuos desacreditados en la sociedad”.

“Me consta igualmente que muchos de los objetos que se hallan en la lista en que se han publicado nuestros nombres… se retractaron y abjuraron la masonería”. Entre ellos cita al señor Antonio Gutiérrez que había sido religioso dominico “y fue después secretario del obispo Garnica y al señor Juan de Dios Aranzazu”, (quien fue gobernador de la Provincia de Antioquia, uno de seis plasmadores del pueblo antioqueño y quien como presidente del Consejo de Estado sustituyó al General Pedro Alcántara Herrán en la presidencia de la República en 1841)14.

¿FUE CONSPIRADOR?

Después de la horrenda conspiración septembrina (25 de septiembre de 1828) contra la vida del Libertador recayeron sospechas de complicidad contra el presbítero doctor Juan de la Cruz Gómez Plata por su amistad íntima con Santander, su afiliación al partido de éste y haber sido diputado como tal a la Convención de Ocaña. Por éstos antecedentes fue puesto en prisión junto con el presbítero doctor Juan Nepomuceno Azuero al día siguiente de la conspiración en el Colegio de Ordenaciones.

Al respecto trae la siguiente información la “GACETA DE COLOMBIA” Juan de la Cruz Gómez Plata aparece en la lista de presos a raíz de la conspiración septembrina. Allí también aparece esta orden del Ministerio de Estado en el departamento de guerra, de 6 de octubre de 1828:

14 Don José Manuel. NUEVA GRANDA. Apéndice No. 20. Abjuración de Masones.

“Enterado S.E. el Libertador de la comunicación de V.E. de 5 del Corriente, que incluye una relación de las personas que se hallan en prisión, y a quienes no resulta cargo alguno en la causa de la conspiración, ha resuelto que los individuos que ella expresa marchen dentro de tres días, confinados a los siguientes lugares”; en la lista figuran el doctor Juan de la Cruz Gómez Plata y el General Antonio Obando a GUAYANA. La anterior orden la comunica el General José María Córdoba al señor Comandante General de Cundinamarca15.

Según este documento oficial e importante, el doctor Juan de la Cruz Gómez Plata figura en la lista de los prisioneros, contra quienes no resulta cargo alguno en la causa de la conspiración, ¿Por qué entonces se le castigó con la pena de confinamiento y después sus adversarios políticos le han encimado la sanción de sospecha de complicidad en el delito para, ensombrecer s figura histórica?.

Se le denigra por el solo hecho de haber sido amigo de Santander y haber pertenecido a su partido político. ¿La mera afiliación a un partido político y la adhesión a su jefe entrañarán responsabilidad o complicidad en el delito de conjuración perpetrado por su corifeo?.

Algunos historiadores, con base en las circunstancias arriba anotadas, escribieron que sobre el presbítero Gómez Plata recayeran fundadas sospechas de complicidad en la conspiración. Sobre este punto jurídico solicito el parecer de un profesional que ha cultivado el estudio del derecho penal y expresó la siguiente opinión:

15 Gaceta de Colombia No. 55

“En la más depurada y prevalente doctrina probatoria penal, SOSPECHA no tiene categoría de prueba, y ni siquiera se la otorga la jurisprudencia; ni vale por indicio… Los más conspicuos tratadistas de “la prueba” así lo enseñan”16.

El Obispo Gómez Plata en varias ocasiones reprobó la subversión del orden público y encareció el respeto a la autoridad y a las instituciones de la República. Era un patriota integérrimo.

En su segunda visita pastoral censuró enérgicamente la asonada ocurrida en Medellín en 1836, en que estuvo implicado el Padre José María Botero y manifestó a los párrocos que serían responsables ante Dios y los hombres si no inculcaban en el corazón de los fieles el amor al orden, la obediencia a las instituciones y el respeto a la autoridad.

Y el doctor Mariano Ospina Rodríguez escribió: “El ilustrísimo señor Juan de la Cruz Gómez Plata, que había militado en las filas del liberalismo santanderista, condenó públicamente los movimientos subversivos, como se vio en una carta que dirigió al coronel Salvador Córdoba en que con valor y energía le censuraba su conducta revolucionaria17.

El Obispo Gómez Plata ponía el orden y las instituciones de la República por encima de las contiendas políticas. Por eso afirma en la carta al Coronel Salvador Córdoba: “No soy ministerial (así se denominaba a los sostenedores del gobierno de José Ignacio Márquez, pertenecientes al partido opuesto al santanderista), pero tampoco demagogo anarquista”18.

16 GAVIRIA PÉREZ, Augusto. Abogado
17 Archivo de la Diócesis de Antioquia. Libro copiador de Oficios. 1837 – 1849. 147 p. 18 Ib.

No habiendo prueba alguna de culpabilidad, no resulta ni justo ni razonable nublar con una sombra de complicidad, así sea de simple sospecha, la estampa egregia de un pastor del temple moral, carácter diamantino y acendrado patriotismo del ilustrísimo señor Juan de la Cruz Gómez Plata, en quien “La Iglesia y el Estado tuvieron un repúblico y un prelado tan notables como los más señalados de aquella época, difícil como pocas en nuestra historia”, según palabras de Marco Fidel Suárez19.

19 SUÁREZ, Marco Fidel. Obras.  T. III Instituto Caro y Cuervo. Bogotá. 1269 p.