El BIENMESABE  

“La cultura no se vende, se regala”

Por: Samuel E. Aguinaga Alcaraz

LA LLEGADA DEL PRIMER AVIÓN

Según información de personas que vivieron este acontecimiento, el primer avión llegó a la Ciudad de Antioquia en la década de los años veinte, creo que fue en 1921 o 1922 y las cosas me las contaron así: mi mamá vivía en la vereda El Tunal; un día, como a las cuatro de la tarde, los habitantes de este sector, oyeron un extraño ruido por el aire. Todos se asustaron mucho y algunos salían a ver mientras otros se escondían debajo de las destartaladas camas. El gran aparato venía Cauca arriba y después se dieron cuenta que era un artefacto llamado hidroavión y que había acuatizado frente a las playas que hoy forman la finca llamada La Isla. Se cuenta que las gentes de la ciudad también se confundieron mucho, rezaban y algunas pensaban que era el fin del mundo. Luego llegó la noticia de que el aparato estaba en las aguas del Cauca en la Isla y que allí había un hombre que hablaba muy raro y entonces salió la muchedumbre para ese sitio y más tarde llevaron como traductor, algunos dicen que en silleta, a don Sacramento Osorio, hombre políglota, quien dicho sea de paso, nunca salió de Antioquia y que al preguntársele cuándo pensaba conocer a Medellín, respondía que cuando lo terminaran. Este señor, al hablar con el aviador, se dio cuenta que era alemán y que su nombre era Von Kronk (yo no sé escribir este nombre). Igualmente se enteró que venía de Barranquilla y que continuaría su viaje a Cali, siguiendo la ruta del río; que luego regresaría a Barranquilla. Pues bien, al ilustre visitante lo trajeron a la Ciudad y lo alojaron en una de las mejores casas, prepararon banquete en su honor y la encargada de pronunciar el discurso en ese acto fue la señorita Sofía Londoño del Corral, en esa época joven y bella.No sé a los cuántos días el aviador tomó nuevamente su hidroavión, vino y le dio varias vueltas a la Ciudad en señal de despedida y gratitud y siguió su rumbo a Cali. En las fiestas de los diablitos de ese año, uno de los bundes cantó los siguientes versos, teniendo en cuenta que las gentes no sabían decir hidroavión sino ño ilarión y que su recorrido era de Barranquilla a Cali y viceversa: “Allá viene ño ilarón/ a caer al puntiadero/ porque no podían decir/ ese nombre tan ligero. De Barranquilla a Cali/ esa era su jornada/ adiós catedral de Antioquia/ esperame a la bajada”.
Igualmente se comentó que el aviador falleció en accidente que sufrió en el mismo hidroavión. Desconozco fecha y lugar.

ACUEDUCTOS

A mediados del siglo pasado hubo en la ciudad dos acueductos: el del agua rastrera y el de tubería galvanizada o presión cuyos tanques principales, como ahora, se hallaban en el Llano de Bolívar. Sobre el agua rastrera tengo para contar lo siguiente:  Para el año 1950 el preciado líquido se movía por gravedad, dentro de cañerías regadas por todas las calles del centro. Las cañerías eran acequias subterráneas de unos treinta centímetros de ancho construidas a lo largo de las calles en ladrillo cocido, por donde fluía el agua.

En cada esquina había una especie de caja con salidas a uno y otro lado para que el agua se repartiera a beneficiar las casas que estaban sobre las carreras y el resto seguía su curso normal. Para el bien de la comunidad, en ciertas partes donde había buena depresión ésta se aprovechaba para instalar en su parte baja una poseta, chorro permanente de donde algunos vecinos que carecían del servicio, se aprovisionaban para llevarlo a sus hogares. Así teníamos, entre otras, la poseta de los tres chorros, que servía a buena parte del barrio Buga, la de don Víctor Pardo, sobre la carrera l0, tirando hacia la quebrada Cardoso, que servía a los pocos habitantes del sector de Betania y parte del Llano de Bolívar y la de Juan Mora sobre la carrera 9 para el sector de la quebrada Cardoso y falda del Llano. Había otras para el barrio de Jesús, Santa Lucía y La Mocha, esta última prestaba el servicio a los habitantes de la Barranca y estaba situada en el extremo sur de la carrera l2 con la citada calle. Muchas historias se tejieron en estas posetas, donde algunos querían llegar de una vez a recoger el agua sin respetar el turno de los que habían llegado primero, por lo que se formaban grandes peloteras.
De otro lado, era normal que la gente madrugara a las tres o cuatro de la mañana a recoger el agua para que les rindiera el tiempo del resto del día. En cuanto al acueducto por tubería a presión, tenía sus tanques de suministro en el Llano de Bolívar, se tomaba, al igual que la rastrera, de las aguas del Tonusco, no sé si era en el kilómetro tres o cuatro de la Carretera al Mar donde quedaba la toma.
Al barrio Llano de Bolívar, Llano Alto en los tiempos de la Colonia, se ha comentado que se le instaló acueducto a partir de 1941. Fue la redención de este hermoso sector de la ciudad, que para ese tiempo se encontraba deshabitado en casi su totalidad, pues su fuente de agua más cercana era el chorro del Aguacate que quedaba en la cañada de La Guanábana, en el costado norte de la cancha de fútbol, pero su volumen era muy reducido. Su agua era de tan buena calidad, que algunas familias acomodadas la preferían, por lo que a diario enviaban sus pajes o lecheros a traerla en canecas transportadas en bueyes.
Sobre la traída del agua del aguacate, se conoce la siguiente anécdota: Chinca Martínez, quien tenía una sancochería en el barrio Buga, sobre la calle l6 en el extremo sur, un día le dijo a Jorge, uno de los tantos con pinta de bobo que iban a buscar el regalado almuerzo a su negocio: – ¡Jorjito! apenas son las once de la mañana, mientras está el almuerzo, ¿por qué no va al Aguacate y me trae un viaje de agua…? El bobo miró el sol y le respondió: _ ¡Con este sol que está haciendo, ni puel putas Chinca, mas bien no amuecho…!
De las cañerías debo decir, que en ciertos tramos, y como el agua andaba por gravedad, se iban llenando de lodo, y allí se incubaba el microbio que produce el tifo. Como se tomaba sin hervir, la epidemia se presentaba con mucha frecuencia. Era en la mayoría de las veces mortal, porque no se conocían antibióticos. Un trabajador del municipio a quien apodaban Famoso, tenía como oficio estar desatascando las cañerías de este peligroso lodo.

EL TONUSCO

Hacía calor. La ciudad de Antioquia, situada a 500 metros sobre el nivel del mar, tenía y aún tiene fama ante propios y extraños de ser calurosa. Alguien escribió al respecto: Debido al mucho calor/ de la colonial parroquia,/ desnuda casi salió / una muchacha en Antioquia. No obstante haber dos acueductos en la ciudad, muchas casas no contaban con este servicio. También las gentes por costumbre iban cada ocho días los sábados al río Tonusco a recibir el delicioso baño en los vahos que con hileras de piedras iban formando. Algunos se bañaban cada ocho días para ir el domingo a misa, otros lo hacían por el programa de pasarla bien. Era una diversión ir al Tonusco a bañarse y luego coger mangos o tumbar cocos, naranjas, guayabas y en fin, cualquier fruta para saborearla. No se decía robar frutas, porque había tantas, que nadie resistía la tentación de apropiárselas y los dueños no sufrían de mezquindad. Las clases en la escuela eran de 8 a 11 a. m. y de 2 a 5 p.m. Muchos estudiantes dejaban de asistir en las horas de la tarde, por irse para El Tonusco. En ocasiones se hacían echar o perdían el año, pero eso era poco en comparación del placer que sentían vagando por las playas del río. Fueron tantos los gratos recuerdos, que algunos ya viejos, próximos a morir, han pedido a sus hijos que sus cenizas sean arrojadas al cauce del Tonusco.
En ese tiempo los hombres se bañaban desnudos; las mujeres usaban una bata larga hasta los tobillos que llamaban paruma. Hoy es al revés, los hombres usan pantaloneta y las mujeres se bañan casi desnudas. ¡Qué cosas tiene la vida!.
También iban al Tonusco los de la clase alta y sobre este punto se cuenta la siguiente anécdota: En una de las tertulias que se hacían en diferentes casas del centro a finales del siglo XIX, y a la que asistía el Sr. Obispo de esa época y Gregorio Gutiérrez González, quien estudiaba en el Colegio San Fernando, se dedicaba un tiempo a las adivinanzas, por lo que en ese espacio, el joven poeta recitó la siguiente que no recuerdo bien, pero que en fin, al menos da la idea de lo que quiero decir: “Quién es de Antioquia el sultán/ a quien las más copetudas/ se le presentan desnudas/ como hizo Eva con Adán./ Y cuando en el lecho están/ gozando de dulce emoción,/ después de la fricción / que pasa a la sensación/ salen más limpias más puras?” Se dice que las damas que allí estaban cambiaban de color y comentaban de lo imprudente del estudiante, al venir a exponer semejante vulgaridad delante del Sr. Obispo. Todo porque le ponían un doble sentido. No faltó una que dijera: – ¡El taita Esteban! Refiriéndose a Don Juan Esteban Martínez y Ferreiro. Esto no llegó a ninguna parte y entonces el Sr. Obispo dijo: – que se vuelva a recitar la adivinanza a ver si la interpretamos mejor. Volvió Gregorio y la dijo y como no la adivinaron, el autor procedió a explicarla así: El sultán es el Río Tonusco, donde van nuestras lindas muchachas a bañarse y cuando en el lecho están gozan de la emoción del baño, después de la sensación del agua fresca salen más limpias y más hermosas. Todos admiraron la capacidad del estudiante para manejar esta clase de metáforas.