Dormida hoy la ciudad, a la sombra de sus pasadas glorias, añora sus orígenes, y en su ambiente parece que resonaran los corceles y las espuelas de los conquistadores, el llanto del esclavo y el gemido del oprimido, o la alegría que se siente al deslumbrar un nuevo sol…

…El sol de aquel 4 de diciembre de 1541, donde el hijodalgo de generosidad, a veces principesca, que se manifestaba de manera espontánea y natural, demostraba su valor y constancia en los peligros, la grandeza del alma que manifestó en los momentos mas críticos de su vida;

El mariscal Jorge Robledo fue un hombre que no se vio enzarzado en líos amorosos ya que tan pronto como se sintió capacitado para fundar su hogar, cimentó su casa y se apresuro a traer a su esposa al nuevo mundo;

Supo apreciar las ventajas de saber leer y escribir; se valió de dicho arte para dar informaciones y exteriorizar ideas que hoy aparecen de un valor extraordinario, donde poco antes de entregar su cuello al verdugo, pidió unas horas y en ellas estuvo leyendo lo santo, buscando la salvación para su alma.

Este bigotudo al frente marcha con sus hombres, nobles y plebeyos, testarudos, Catalanes fríos, Gallegos rezanderos, Navarros fanfarrones, Andaluces rígidos; toda una España, para la cual la carga, la mula y el indio son iguales, a los ojos de los que no quieren ver.

Hoy solo el polvo de siglos y polvo de silencio, mantienen las casas coloniales mientras el tiempo remansa por las estrechas y silenciosas calles de Santa fe de Antioquia. Silenciosas, pero solo en estos momentos donde algunos no se dan cuenta del cumpleaños de los doblemente antioqueños, una tierra que no tiene nada…

…Solo 493 kilómetros cuadrados de gente emprendedora, un paisaje que se refleja sobre el turbulento Cauca, una arquitectura admirada y envidiada, una cultura fiestera, en donde los diablitos bailan la candanga y el bunde, una Semana Mayor, llena de orgullo y santidad, una poesía de “Mi ciudad querida, mi ciudad lejana, madre centenaria que me diste vida,” una pintura de las absortas imágenes de la escuela de don Gregorio Vásquez Arce y Ceballos, una ciudad inspiradora de muchos artistas y artesanos.

Una canción donde “Que bonita te ves cuatro siglos después,” la tierra que será el gran epicentro de la mejor esquina de América, tenemos un calor humano acogedor y amañador; fuimos la primera capital del mundo Antioqueño, donde el oro obtiene vida reflejado en un pavo real que cuelga del cuello de nuestras bellas mujeres que no envejecen, somos dueños del padre sin cabeza, la mula enfrenada y el espanto de la catedral, nos sentamos donde se realizo una firma que le dio vida a los sueños de libertad, tenemos un león que cogido a un roble, forma dos poderes y dos fuerzas invencibles.

Somos padres adoptivos de la clavellina flor sencilla sin perfume; que se vino prendida al culto ancestral de San Pedro Claver; esta es la cuna de hombres que el mencionarlos sin admirarlos y reconocer sus hechos seria un desaire; una Antioquia dulce y rica al paladar, donde la oración es adornada por sus hermosos templos, que cuando se mira un portón llega a la mente una historia de la colonia, y de la sangre mezclada con sudor que se derramo creando la Cuna de la Raza. Mañana la ciudad despertará y verá con orgullo la luz de sus pasadas glorias.

Leonardo Alcaraz Sepúlveda