Hoy 15 de junio del año 2008 se me concede un de los mayores deseos y honores que un amante de la historia pueda tener en toda su vida. Exponer mi humilde trabajo ante los honorables miembros del centro de historia de esta hidalga ciudad de santa fe de Antioquia, es una gran responsabilidad, responsabilidad esta que no habría asumido si no fuera por la ingenuidad y tozudez que predominan en mi personalidad.

Escoger un tema histórico sobre el cual investigar y que estuviera relacionado con nuestra ilustre ciudad, fue algo arduo, pues mi carencia de formación en algunos campos del conocimiento se me presenta como un gran obstáculo.

Sin embargo después de mucho indagar en mi memoria, recordé aun personaje que en algún momento de la historia estuvo relacionado con esta vetusta ciudad y, que por alguno motivo atrapo mi atención pues estuvo involucrado en numerosos acontecimientos de la sociedad antioqueña, en la época comprendida entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

Esta es la investigación documentada de apartes de la vida del español realista don Antonio Del Valle Martínez, personaje del cual descendemos muchos antioqueños, odiado por muchos y amado por otros. Cuya dramática vida no fue más que preámbulo de su trágico final.

Nació en Madrid España, hijo de Antonio del Valle y juliana Martínez Del Larne, familia de probado linaje, viajo a Medellín Antioquia a finales del siglo XVIII y contrajo matrimonio el 16 de diciembre de 1777 con la criolla doña María Eugenia Fonnegra y Quintana hija de Manuel Fonnegra Delgado, un prestigioso español radicado ya hace algunos años en la ciudad de Medellín, cabe anotar que es probable que obtuviera una muy jugosa dote, pues personas como don Antonio eran muy codiciadas por las principales familias de la villa de Medellín, como excelentes esposos para sus hijas, ya que esto desde su punto de vista agregaba prestigio a su linaje, los dotes podían ascender en muchos casos hasta 150.000 pesos oro, suma esta nada despreciable en aquella época, que muy bien pudo haber arreglado la vida de muchos blancos y linajudos españoles que andarán por aquel tiempo sumidos en la pobreza, un ejemplo de ello puede ser el que nos ilustra don Tomas Carrasquilla en su ya celebre obra la marquesa de Yolombo, donde al final la pobre Marquesa es robada por su propio marido dejándola sumida en una larga y tortuosa locura.

Don Antonio desempeño algunos cargos de importancia en la época de la colonia entre ellos el de jefe de la real administración de tabaco, de hoja y polvo, y de naipes, al mismo tiempo que jefe de la Real administración sub-principal de correos, esto fue desde 1777 – 1785, año en el cual el visitador Mon y Velarde creo nuevos puestos, pero en el mes de mayo de 1798 fue repuesto a la real administración de tabacos, en virtud de real orden de su majestad. Tal como no lo cuenta José Antonio Benítez en su obra “El Carnero de Medellín” Vemos pues que el hombrecito tenia muy buenas relaciones con la clase cortesana de aquel entonces.

De su unión con doña Eugenia Fonnegra nacieron 4 hijos tres hombres y una mujer, uno de ellos el benemérito sacerdote Don Paulino. De ellos quedo numerosa descendencia.

Todos recordamos al oidor Antonio Mon y Velarde quien gobernó a Antioquia desde 1785 a 1788, llamado por Tulio Ospina el regenerador de Antioquia, debido a que sus múltiples obras sacaron del oscurantismo a la sociedad de ese entones, pero también es recordado por muchos como el primer y ultimo gobernante que introdujo elementos de tortura a nuestra región, tales como el siguiente que describe Don José Antonio Benítez, un interesante historiador de aquella época, en su ya mencionada obra El Carnero de Medellín:

“un cajón largo y delgado, en el que cabía un hombre ajustado, con agujeros por los ojos, oídos y boca, por donde podía respirar y hablar. El interior del cajón estaba lleno de puyas de hierro que el verdugo movía desde afuera para que sus puntas hirieran al atormentado”

Algo muy parecido a la descrita doncella de hierro muy utilizada por los inquisidores de aquellos tiempos.

Y no habría hecho tal digresión del tema, si no fuera por que nuestro personaje tiene mucho que ver con ello, figúrense que el afortunado don Antonio del valle ocupaba en aquel entones el puesto de administrador de las rentas del tabaco, un puesto que asegura muchos enemigos, y es sino que recordemos el levantamiento de los comuneros de Antioquia, pues bien a nuestro queridísimo gobernador Mon y Velarde le dio por revisar muy detenidamente las rentas del tabaco, ya que también pretendía regenerar esta institución, los resultados de su investigación arrojaron como resultado un alcance en las cuentas del estanco, resultado este que enfureció bastante al oidor, que al no recibir un respuesta satisfactoria de Don Antonio Del Valle, no le quedo otra alternativa desde su punto de vista que poner a prueba su nueva herramienta de confesión, y valla que funciono muy bien pues nuestro queridísimo amigo Del Valle lucia allí adentro como en su propio cajón mortuorio, esta sentencian fue ejecutada el 22 de diciembre 1785.

Veamos como no lo cuenta nuestra inteligente historiadora Beatriz Patiño Millán en su interesante obra “criminalidad, ley penal y estructura social en la provincia de Antioquia 1750-1820” pag 101 información extraída de un documento anónimo enviando a la audiencia en 1786 sobre la visita que hiciera Mon y Velarde a la provincia de Antioquia:

“El autor enumera como uno de los cargos al oidor el haber sometido a tormento al administrador de la renta del tabaco don Antonio Del Valle, para que confesara donde tenia el dinero del alcance que le resulto en las cuentas del estanco. De acuerdo con su relato, luego de ser desnudo por su verdugo, Del Valle estuvo metido en el ataúd una hora, de donde salio casi muerto, afirma que el resultado obtenido con este procedimiento fue escandalizar a la provincia e infamar a sus principales familias, emparentadas con la mujer Del valle.”

Luego continúa:

“Debido a la reacción provocada, la audiencia declaro que la tortura a la que fue sometido, no debía perjudicar al Del Valle y debía restaurársele su buena reputación y fama”

Ahora miremos lo que nos cuenta sobre la actuación del oidor Mon y Velarde, el Doctor Eduardo Zuleta:

“Un de los hechos más sonados del oidor fue el ejecutado contra el jefe de la renta del tabaco de Medellín, a quien, para que declare donde estaban ocultos los caudales, pues, le había resultado un alcance por culpa de algunos subalternos, se le sometió al tormento con crueles pormenores, y habiéndose quejado el sindicado ante el virrey de semejantes procedimientos, dizque Mon y Velarde dio esta contestación: “No. El tormento no duro sino 33 minutos”.”

De estos apartes sacamos dos conclusiones muy importantes, la primera que la sociedad antioqueña de ese entonces en su mayoría estaba en desacuerdo con el procedimiento de la tortura, y la segunda que Mon y Velarde utilizo al Del Valle como un ejemplo para infundirles temor a los demás habitantes de la provincia ya que si esto paso con un distinguido y respetado ciudadano, con mayor razón pasaría con cualquier otra persona que cometiera algún delito.

No la estaba pasando muy bien nuestro queridísimo español Del Valle en la provincia de Antioquia, su furia y deseo de venganza, debió haberse apaciguado cuando observo que la imagen del oidor reemplazaba la de judas, en la representación de la última sena que actualmente se conserva en la catedral de Santa Fe De Antioquia.

Pero miremos como el orgullo y altivez de nuestro personaje lo vuelven a enredar en los hilos de nuestra historia Paisa, esta vez con un acontecimiento familiar que causo mucho revuelo en aquella época, época caracterizada por tantos cambios en nuestra provincia.

En un artículo publicado por Pablo Rodríguez en la revista credencial histórica de bogota, en noviembre de 1990, con el titulo de “el difícil camino al matrimonio en el Medellín colonial” figura nuestro personaje oponiéndose con vehemencia al matrimonio de su hija Maria Josefa Del Valle con Joaquín vallejo, procedente este ultimo de quito y que desempeñaba el cargo de receptor de Alcabalas, la alcabala era un impuesto que gravaba las compraventas y todo tipo de transferencia. Del Valle consideraba indigno al pretendiente ya que desconocía su linaje y además poseía un profundo sentimiento anticriollo. Analicemos algunos apartes del artículo.

Dice pablo Rodríguez que, “En la madrugada del 11 de septiembre de 1800, María Josefa del Valle, hija legítima del madrileño don Antonio Abad del Valle y de la criolla doña María Eugenia Fonnegra y Quintana, cruzó el zaguán de su casa para encontrar a su enamorado Joaquín Vallejo, quien la condujo a la residencia del vicario de Medellín con el fin de presionar su deseada unión. Allí expusieron que desde meses atrás se frecuentaban y mostraban cariño, y que habían ratificado su deseo de vivir juntos en un documento que clandestinamente habían firmado y que rezaba: “Decimos don Joaquín Vallejo y doña Josefa del Valle que hemos celebrado mutuamente contrato esponsalicio de contraer matrimonio, para cuyo efecto recíprocamente nos hemos prendado, lo que, para que conste y por caso de negativa no podamos uno ni otro retractarnos, firmamos la presente obligación…”

Es evidente la rebeldía de Maria Josefa para con su padre, ella no solo firmo este documento sino que también abandono su casa para irse con Joaquín sin previamente haberse casado, mejor dicho se comieron la torta antes de la fiesta. Era tal la furia de Don Antonio que nadie pudo hacerlo entrar en razón ni siquiera el mismo gobernador, tal como se colige en el siguiente aparte de dicho artículo.

“Aunque intervinieron a favor de la unión algunas parejas amigas, las hermanas Carmelitas, y hasta el propio gobernador Salcedo en una conversación íntima, el padre de la pretendida se mantuvo remiso y acentuó más su demanda para que Vallejo fuese destituido del cargo y encarcelado.”

Muy ambiciosa la pretensión de don Antonio, muestra de un carácter altivo muy común de los españoles de aquella época, carácter que le seguía procurando una buena cantidad de enemigos y que le hacia algo tortuosa su adaptación a este terruño, pero podemos estar seguros que la belleza y comprensión de su distinguida mujer apaciguaban su álgido y tempestuoso espíritu.
Al final a Antonio del valle no se le concedieron sus deseos ya que “José Antonio Viana, a quien ambas partes reconocieron como juez imparcial e idóneo, declaró nulo el disenso entablado por Abad del Valle, y consideró que no había méritos para negar la unión.
Miremos el siguiente párrafo de dicha carta:
“En el proceso, diversos declarantes coincidieron en que a Vallejo se le daba el tratamiento de “Don” en la villa, que era de los íntimos del gobernador y se le veía con frecuencia en su mesa. Otros observaban que tenía excelentes ingresos de su cargo en la aduana (500 pesos anuales), que al igual que Abad del Valle era forastero y tenido por blanco, y que ambos pertenecían a la Orden Tercera del Seráfico Señor Francisco, en la que sólo se admitía personas blancas y pudientes.”
“Colérico, Abad del Valle protestó la decisión del doctor Viana y amenazó con apelar directamente al Consejo de Indias por los agravios recibidos, hecho que al parecer nunca ejecutó.”
Lo peor de todo esto es que Vallejo no se caso con Maria Josefa, incumpliendo el trato ya firmado, tal vez porque paso lo mismo que pasa ahora con muchas jovencitas, que se dejan ilusionar y se entregan totalmente sin medir las consecuencias, por ultimo Maria, al haber perdido prestigio, termino casada con alguien que le llevaba muchos años de ventaja y que además estaba cargado de hijos. De nada sirvió el sentimiento anticriollo de de don Antonio, pues su descendencia se adapto de muy buena forma a los procesos de mestizaje.
Pero también debo contarles que las cosas no fueron del todo malas para la familia del valle, pues al principio de todo este embrollo ellos la pasaban muy bien, tal como lo relata el mismo Vallejo cuando recordaba algunos momentos íntimos sostenidos con dicha familia:
“Visitaba esta casa diaria y nocturnamente viviendo en esta satisfacción, y más cuando experimentaba que el mismo cariño se me dispensaba por la señora su esposa, con quien por vía de una honesta diversión empleábamos la tertulia en bailes del que llaman minué y el cantar canciones que también llaman boleros, y a la señorita su hija según hago reminiscencia llegué a cortarle el pelo como dicen al bolero y a apañarla para que pudiese asistir con la decencia correspondiente a cierta fiesta pública que se presentaba en este lugar, como tiempo de fiestas, no teniendo embarazo para hacer tal cual regalo así a una como a otra señora con el objeto de contraer matrimonio con la niña”. Maria solo contaba con 13 años de edad.

Es una escena muy común en aquella época, esparcimiento sano que aun se vive en algunos hogares de tradición antioqueña, lastima que don Antonio tomara la decisión de terminar estas entretenidas tertulias con su vehemente oposición al matrimonio de su hija, si vivieran en la presente época no creo que se hubiera preocupado mucho por Maria, pues un pretendiente peluquero y diseñador de modas deja mucho que desear.

Era esta la conducta que empleaba don Antonio en muchos de los haberes de su vida, o sino miremos lo que nos cuenta en su autobiografía José Manuel Restrepo, ese distinguido republicano, que fue gobernador de Antioquia, hombre de confianza del libertador, un gran escritor, entre muchas otras cosas.

“El español don Antonio del Valle quiso amedrentarlo, amenazándole con que iba a reclamar daños y perjuicios contra él, por la prisión que había sufrido bajo la dictadura de Corral. Mas Restrepo le contestó con firmeza “que si Valle presentaba documentos contra él, le obligaría a presentar las peticiones en que Valle había pedido carta de naturaleza al gobierno republicano”. Esta indicación basto para imponerle silencio, porque tal solicitud era un grave delito para el gobierno real.”

Es que si que era bien jodido este Antonio, jugando con Dios y con el diablo, no obstante podemos deducir que cuando los republicanos tomaron el poder don Antonio no pensó en huir tal como lo hicieron muchos realistas, mas bien quiso adaptarse a las nuevas condiciones, sin embargo fue encarcelado y una vez libre opto por pedir carta de naturaleza al gobierno de la republica, pero un vez recuperado el territorio por parte del ejercito relista volvió a formar parte de este ultimo.

La actitud que tomara del Valle contra Restrepo le traería múltiples dificultades y le daría una inmensa satisfacción a este último cuando se enterara de la muerte del primero tal como veremos mas adelante.

La influencia que don Antonio tenía en la corte real no le seria útil cuando el ejército republicano dirigido por imponente general José María Córdoba, retomara el control de la provincia de Antioquia, tal como lo demuestra esta carta que escribió un tal J. Arbelaez:
“Santafe de Antioquia 12 de septiembre de 1819

En septiembre de 1819 –nos dijo en su casa de la plazuela de Chiquinquirá el doctor Martínez Pardo- vino el coronel Córdova con un cuadro de oficiales y un piquete de soldados a arbitrar recursos para terminar la guerra. Acuartelados aquellos, el se hospedo en su ordenanza en la casa de don José Pardo, que es hoy de Federico villa, y poco después de instalarse es su pieza pregunto a Don José en donde era la tesorería real. Don José se la mostró al frente, en el edificio que es hoy de Carlos del Corral, al lado de bajo de la catedral, y Córdova salio en dirección a dicha oficina con su ordenanza. Poco después regresaron, llevando el ordenanza una bolsa con dinero.

Pasados algunos momentos fue llamado don José con urgencia a la puerta de su casa por don Antonio del Valle, quien le suplico, con el mayor encarecimiento y muy sobresaltado, que le hiciera el favor de conseguir que el coronel revisara el libro de caja, que allí entrego a don José, para que Córdova se convenciera de que no faltaban en la mochila los tres mil patacones que, so pena de la vida, le exigiera reintegrara dentro de tres horas, como alcance liquido en sus cuentas. Don José entro a la pieza de Córdova con el libro; y al enterarse el coronel del patrocinio de de don José, le replico:

– Nada falta, señor don José, pero yo tengo que sembrar el terror para despacharme pronto; y considerando que es mejor fusilar a un viejo y no a un joven, llevare acabo dentro de tres horas la intimación hecha al viejo realista, si dentro del mismo tiempo no me trae aquí los tres mil patacones que le exigí como alcance de sus cuentas.

– Yo le respondo por ellos –contesto don José- pero no hoy, por que es imposible conseguirlos de un momento a otro.

– ¡Nada! Lo dicho, dicho, señor don José. Hágame el favor de no insistir y el de hacer saber que pasare por las armas a quienes vengan a interceder por el viejo.

Volvió a la puerta don José; refirió lo ocurrido a don Antonio, y este, atravesando la plaza, se asilo en la catedral, de donde los sacaron al cabo de las tres horas fatales, arrancándolo de los pies de un sacerdote los cuatro militares destinados por Córdova para la ejecución de don Antonio, la que inmediatamente tuvo lugar al pie del árbol mas vecino al altozano de la catedral.

En la noche del velorio se le escapo el esclavo de don Antonio decir que no han debido matar a su amo, porque hasta los gallinazos tenían rey; no falto quien hiciera saber a Córdova el dicho del negro de don Antonio y, sin perdida de tiempo, lo hizo poner en capilla en el cuartel, y a la mañana del día siguiente fusilaron al pobre negro en el mismo punto en que mataron a su amo. Fue tal el terror producido por estos hechos, que todos los gravados con el comparto repartido por Córdova el día anterior se apresuraron a pagarlo antes del término señalado, sin más reclamación que la que se atrevió a hacer Simeón serna, que era un vivandero, quien fue gravado con dos mil patacones, que Córdova rebajo a cien.”

“ La casa en la cual se hospedo Córdova en santafé de Antioquia que da en el marco de la plaza y tiene fachada sobre la calle Santander (antigua calle real), haciendo esquina con la carrera Nariño, diagonal al edificio del cabildo”

Sobre este hecho se expreso José Manuel Restrepo en una carta que le dirigiera a Francisco Montoya de la siguiente forma, “con la muerte del viejo Vallejo y un tal Baltasar Álvarez, que ninguno ha sentido, los enemigos han temblado”

Realmente es que era muy de malas don Antonio, ya que de nuevo la vida lo postulaba par ser castigado y convertirlo en ejemplo, por un delito que probablemente no cometió, con el agravante que esta ves no sobreviviría para contarlo. Una vez más no huyo, tal como lo hiciera el muy odiado realista don Eugenio Martínez, sino que mejor quiso enfrentarse a su destino probablemente pensando que como nada debía, nada habría de temer.

Sin embargo ni el asilo eclesiástico logro salvarle la vida, pues algo tan respetado en el pasado cobrada poca importancia ante la novedad de la republica, y mejor fue para Córdova perdonarle 1900 patacones a Simeón serna que aceptar la oferta de pago de José Pardo a quién debemos felicitar por su condescendencia con el prójimo.

Algunos piensan que la muerta de don Antonio obedeció a una venganza personal del general Córdova, ya que al parecer su padre había tenido algún inconveniente con un contrato que le diera don Antonio, efectivamente el contrato si existió tal como lo cuenta Pilar Moreno en su obra “José Maria Córdova”:

“En 1804 se suscribió un contrato por medio del cual el contador general del ramo de tabaco de Antioquia, Antonio del Valle, le otorgaba el transporte de la mitad del abasto de tabaco a Crisanto de Córdova y mesa, este producto se movilizaba a través de la administración general de Honda, que dependía de la de Santa Fe… el contrato estipulaba que seria obligatorio por tres años y podría prorrogarse voluntariamente por dos años mas”

¿Pero que puedo haber ocurrido para que este contrato se convirtiera en motivo de discordia entre don Crisanto y don Antonio? en la reciente obra del Historiador Humberto Borrero “José Maria Córdova Entre La Historia y La Fabula” aparece algo relacionado a dicho contrato.

“El contrato, obligatorio por tres años y prorrogable por dos años mas, fue rescindido por don Crisanto el 9 de mayo de 1808, sin que se sepa a ciencia cierta el porque”

Parece ser que este contrato por algún motivo fue causante de grandes pérdidas para la familia Córdova, pero atreverme a decir que esta fue la verdadera causa de la muerte de don Antonio seria muy arriesgado, pero de lo que si podemos decir y dar fe es del carácter vengativo de el general Córdova, tal como se colige en el siguiente escrito del doctor Roberto Botero Saldarriaga hijo ilustre de Santafe de Antioquia:

“Sucedió que en uno de los atracaderos del rió, obligado para aprovisionarse, los Córdovas se vieron repentinamente atacados por una de aquellas cuadrillas de malhechores realista, y a pesar de la vigorosa resistencia y de la porfiada defensa que de sus personas e intereses hicieran, al final fueron vencidos y robados de cuanto llevaban.

Ese día rugió por primera vez el cachorro de león que en su compañía llevara don Crisanto de Córdova, hasta dejarlo admirado por su valor y por su arrojo; allí dio las primeras muestra de lo que seria con el tiempo el joven a quien cariñosamente, y después de verlo manejar el corcel y la lanza al lado de los centauros de Páez en las hazañosas luchas de los llanos de Apure, llamara el Negro Primero en las confidencias del vivac, El Niño. (José maría para aquel entonces solo tenía 12 años de edad)

Y cuenta la tradición de familia que al ser puestos en libertad, después del saqueo, los Córdovas y sus compañeros, se empeño don Crisanto en que de todo lo que se le había robado se le devolviera siquiera un utensilio indispensable para la preparación de los alimentos en aquellas infernales e inhóspitas orillas: una humilde paila de cobre. Pero el cabecilla de la partida, cruel y fanfarrón, no solo se negó groseramente a los que se le pedía, sino que insulto soezmente al señor Córdova.

Mas tarde, en 1820, el empecinado realista y jefe de cuadrilla, por una de esa frecuentes coincidencias de la guerra, caía en manos del entones teniente coronel José Maria Còrdova, jefe de operaciones sobre la costa atlántica, después de la victoria de Tenerife; reconocido por el jefe patriota, fue fusilado sobre la marcha.”

Un buen ejemplo del espíritu vengador de Córdova, pero no el único pues los que conocen apartes de su vida sabrán de muchísimos mas, sin embargo traje esta a colación ya que es un relato deliciosa y muy interesante de es que fuera congresista de la republica y destacado escritor. Hijo de esta bella ciudad.

Finalmente don Antonio Abad del Valle fue inhumado en la ciudad de Antioquia el 13 de septiembre de 1819 por el cura vicario francisco Javier García, dejándonos como ejemplo que en aquella época de la naciente republica, de nada importaba el linaje, el orgullo y la prepotencia, y que la libertad una vez mas se convertiría en la mejor justificación para acrecentar los limites de esclavitud en la mente humana.